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FLOR DE PASCUA

El amor es esa

flor de pascua

que compras cada año

en el esplendor, roja

como el dolor al golpearte

la yema de los dedos.

Y juras que la mantendrás

viva, siempre

tan hermosa; será

el orgullo de tu hogar,

y la pones a la entrada

para que todos la admiren

al cruzar el umbral.

Y la riegas, 

y la mimas,

y por unas semanas

¡parece incombustible!

Pero empieza a languidecer,

las hojas caen, vencidas

por no se sabe qué derrota,

y todos tus cuidados

no bastan. 


Mueves la flor al salón.

Quizá esté cansada 

de tantas miradas,

(quizá tú ya no quieres

que la miren tanto),

y la riegas,

y le cantas

acariciando sus hojas

donde van brotando

manchas negras. 

Pero todos tus cuidados

no bastan, y las visitas

empiezan a mirar 

hacia otro lado, educadas,

no quieren mencionar

tu flor enferma. 


Mueves la flor a tu habitación,

donde nadie entra,

donde nadie la vea. 

Quizá la flor 

no soporte las miradas,

(quizá tú no soportas 

las miradas que descubren

tu fracaso). 

Y no la riegas,

por si la mataste de agua;

y no la tocas,

y no la miras

mientras cae

desnuda y muerta, 

clavándote la nostalgia

del rojo. 


Mueves la flor a la basura.

Un muñón negro,

una maceta de plástico,

cuatro euros perdidos. 

Cuatro euros no son más

que una buena cerveza,

nada por lo que dolerse,

aunque fuese tan hermosa.


El año que viene 

podrás comprar

una nueva flor de pascua,

y esta vez sabrás cuidarla.

Juras que la mantendrás

viva, siempre

tan hermosa; será

el orgullo de tu hogar.

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