Ancianita de lana y lavanda, un resto de arena encontré. Sobre baldosas fui saltando ancianita; a usted hallé. ¿Puedo hacerle una pregunta? ¿Podría abrirse las arrugas y darme un poco de su arena? Verá, su arena huele a trigo. (A mí se me escapa entre los dedos un polvillo olor coltán). Ancianita de zapatos ocres tenga cuidado, es tan pequeña que cualquiera podría pisarla sin malas intenciones. Y no se tome a mal lo de los domingos, ahora los domingos están para hacer el amor y masturbarse. (Pero eso mejor no se lo cuento). El llamar de una campana nos silencia. - Pero ¿y el progreso? - Progreso es ver crecer el trigo.
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