Yo: prodigio de millones de células. Tambor constante de sangre olorosa en corredores tejidos por arañas que enhebraron el mundo hace millones de años sin palabras. Yo: arquitectura de moléculas, inconcluso vals de aire, promesa de flor de polvo. Árbol de sabia eléctrica, aprendiz de las canciones que enseñan el equilibrio entre quien huye y quien se queda. Yo: en mí llevo la herencia repetida y transmutada, carne tras carne. Fui dos, y no fui nada, antes de llevarme las manos a los ojos y decir - Yo Yo Yo - yo amo estos árboles, el río, los caballos, las aves y a ese hombre. Yo: me fallan a veces los pulmones. Tantas veces he ignorando el cascabel de los pequeños seres que a mis pies crecen, seres que a mis pies mueren. Y no logro entender esos secretos que otros desmenuzan como niños indolentes comiendo una naranja. Yo: ¿qué será de este universo de carne y pensamiento encerrado, como un ave en los ...
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