dos de los muchos "niños" sin dinero para reír en la feria.
Nunca volveremos a ser del día
de casi juventud, de casi estío,
con los ojos de un niño que no tiene
dinero para reír en la feria.
Tres relatos de amor, de soledad,
atrapados entre el mar y el asfalto,
hijos del progreso, los herederos
de un dragón con las alas arrancadas,
triste reliquia a la que el fuego abrasa.
Arañábamos el sol de los muros,
nos esperaba, tras ellos, la playa.
Nos arrasaban con su canto el pecho
las olas rotas de la juventud.
Día en que fuimos libres de las manos
que robaron el vástago de estrellas,
que nos mostraron el agua y nos dieron
arena en cántaros y vasos blancos.
Dijeron: "Sois el fruto de la sed,
vuestros padres bebieron vuestra parte.
La carne que os separa de la nada,
la sangre que os amamanta y os florece,
fueron hechos para saldar la deuda".
Pero aquel día, el que no va a volver,
la rabia de los gatos escarbaba
agujeros negros en la garganta.
Queríamos ser animales vivos
- y quizá lo fuimos, por un momento -
no vetas que se agotan golpe a golpe.
Queríamos una noria de flores,
un sol que resurgiese de la cuna
de metales, motores y alaridos.
¡Qué se callen las voces de la historia!
nuestra piel no es papel para divisas.
Nuestra piel quiere ser de miel, de leche,
el festín y el reposo de los otros;
piel que quiere abrirse como los ojos
que vuelven de una larga pesadilla.
¿Por qué debemos compartir el mundo
con quienes lo devoran para su hambre?
¿Por qué tienen poder para quitarnos
el presente, el futuro y hasta el pasado?
¿Por qué desean robarnos el aire,
convencidos de que cuando reímos
consuminos lo que les pertenece?
¿Por qué nacieron y quién les permite
rajarnos y beber de nuestra herida?
Nosotros moriremos como perros,
de los que dan sus huesos a la lluvia,
de esos con genitales mutilados,
con su cachorro ahogado en el río.
Perros tristes, los que desearían
ser perro en la casa del amo bueno.
¡Perros, maldita sea, meros perros!
Pero el día que no volverá a ser,
recordamos lo que era ser humanos:
soñar, atrapar en redes de araña
futuros sin túneles de polillas.
¡Menudos locos, vaya perdedores!
pensando en felicidad, salud, hijos,
en besar la mejilla de un amigo
y no sentir el frío del suicido
royéndole los huesos poco a poco.
¿Cómo no iba a haber lugar en el mundo
para nosotros, que no hicimos daño,
que a nadie exiliaríamos del Arca
sin importarnos la furia de Dios?
¿Cómo no íbamos a tener futuro
si soñábamos con tener hogar,
con moldearlo de una gota de oro
donde se funde el recuerdo y la pena?
Si permanece en el mundo algo nuestro
será aquel día, y como aquel los días,
en que tengamos el agua, y la carne,
y la sangre del animal que vive;
del ser humano que canta, el que inventa,
el que baila y confía en sus amigos.
La pasión que tuvimos, que tendremos,
que que todos merecemos tener.
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