¿Los caballos, hermano? Pasto de muerte. Sus tumbas, sepultura de tierra adelante cerquita de la mar. Mas siempre en la otra orilla, en la seca, en la sin mareas la sin olas ni navíos ni cuerpos amortajados de medusas. ¿Los caballos, buscas? Han muerto. Hace mucho. Pero aún, en sueños, vienen a sembrar la tierra con la tierra de sus ligeras calaveras, porque se les hace pesada la nada a ellos, que nacieron para existir y un anónimo atardecer murieron sin que el mundo escuchase su voluntad. ¿Los caballos, añoras? No han de volver. Su silencio no significa mas que el eco futuro de nuestro silencio. Su frente reventada, sus intestinos de bordado ciego, anuncian el tarareo de esa muerte que un niño canta manso, sin darse cuenta, cogiendo flores para quines quiere. Sus intestinos de bordado ciego, su frente reventada, anuncian nuestra muerte cerquita del mar. Pero en esa otra orilla, la mala la seca la sola, donde no juegan las estrellas,...
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