Querernos para la nada.
Engendrarnos para la muerte.
Y nos dieron la tierra
aunque no la pedimos.
Y nos dieron el cuerpo
que avanza y se rompe creciendo
camino, camino
del templo, del roble.
Y nos dieron la carne
que recuerda, que canta, que pide
como un niño echando raíces.
Y nos dieron el amor y el odio,
el valor y el miedo,
un mundo grande como la noche
y la leyenda de una luz que nunca llega.
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