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Mostrando entradas de octubre, 2022

Para que tú. Para que yo

Para que yo pudiera amarte alguien tuvo que plantar un cerezo en la tapia de tu casa y Garibaldi pelear en Montevideo. Historia de un amor, Cristina Peri Rosi Para que tú me mires han corrido sobre la arena los sueños de civilizaciones que enterraron a dioses más hermosos que el alba en anónimas fosas de lodo. Pero tú te has enamorado del llanto, y no me miras. Para que tú me escuches alzaron el pensamiento al cielo ristras de animales desencantados del tacto, esclavos de la conciencia, anclas en el vacío. Pero tú haces grandes los ecos, y no me escuchas. Para que tú me toques los dientes arrancaron las entrañas de las rocas, y los sabios aceptaron la severa enseñanza de espina en la rosa. Pero tú estás aterrado por el dolor, y no me tocas. Para que tú me pruebes prohibieron en los campos los números, avergonzados por el genocidio de flores destinadas a desnudeces vacías.  Pero a ti no te enternecen  los pétalos, y no me tocas. ··· Para que yo te mire engulleron las venas dos ...

LA MANO

 Aquella mano, presencia de flor tronchada, de fin de primavera.  Las uñas: guijarros viejos. La piel: canción de otoño. Las venas: vino seco.  Aquella mano, recorriendo cuidadosa y atenta, mármol blanco, rellenando copas, afilando cuchillos, limpiando platos. Aquella mano, que un día quizá sostuvo un ave, o buscó un grillo, o en los caballos puso alas. Ahora se ha acostumbrado a tactos ásperos, y se crispa frente a la suavidad de los rizos de un niño. Amarga, ha aprendido la lección de lo perdido y aferra madera seca.  Aquella mano, ¡quién sabrá historia de qué vida...!