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Mostrando entradas de julio, 2022

LOS CISNES

  En el Parque San Francisco hay un estanque con patos. Antes también había una pareja de cisnes comunes. La gente iba y les lanzaba pan, galletitas, arroz… ellos se acercaban y extendían sus hermosos cuellos a la vez que abrían sus amenazadores picos. Los niños, como éramos más pequeños que la valla que cercaba el estanque, teníamos que alimentarlos pasando nuestros bracitos a través de los barrotes, pero si no teníamos cuidado, nos ganábamos un buen picotazo. Fue así como inventamos un maravilloso juego: les ofrecíamos nuestras inocentes manos a los cisnes y, cuando estos venían a picarnos, las retirábamos rápidamente. A quien picaban, perdía. Podíamos pasarnos así horas.  Un día los cisnes no estaban en el estanque, sino en el prado que lo rodeaba. Uno rígido, petrificado en la muerte. El otro balanceaba su hermoso cuello lentamente, como lamentándose a su manera. Resulta que las aves también perciben esa triste diferencia entre la vida y la muerte, y a veces se queda...

A LA CAZA DE GORRIONES

       Compadezco a quienes nunca hayan aprendido nada de un animal. Ni siquiera hablo de grandes lecciones. Es mejor empezar por lo nimio, por lo mundano. Más tarde, cuando nos empiece el ahogo existencial, ya buscaremos cualquier cosa que nos alivie un poco.   Mi primo y yo todavía éramos unos niños cuando aprendimos nuestra primera lección. Unos niños ignorantes y despreocupados, sumidos en su universo de juegos y descubrimientos, excitables e impacientes, con esa terrible mezcla entre la pura emoción y el repentino hastío. A veces, nos obsesionábamos durante semanas con un juego hasta que un día, de repente, ya no lo soportábamos y necesitábamos uno nuevo como si nos fuese la vida en ello. Era fácil encontrarlo pues, hay que decirlo, el destino nos había favorecido: mi padre era el Conserje de la Facultad de Ciencias de Oviedo. Esto significaba que mi familia vivía en el campus, un lugar rodeado de prados y altos árboles por donde correteaban los mirlos, ...

LA FLOR

La flor duró apenas unos días - tenía ilusiones, pensó que sería flor de manzano o ciruelo y engendraría abejas - La flor amaba el cielo azul y el viento sur - ilusa, creía que las mariposas eran dragones inmortales protegiendo un tesoro de colores - La flor duró apenas unos días  - fueron hermosos  y superficiales, pero cuando llegó el fin la flor no entendía que su destino era marchitarse -

CANTAR DE LA ARENA NEGRA

Y si vinieras ahora no habría umbral que se abriera a esos andares de sombra que llevas por la vereda.  Tú que partiste con soles  y abrigo de luna nueva te perdiste por los montes donde morren las estrellas y conversaste con dioses con las cuencas ya resecas,  bebiste de sus palabras aun siendo de arena negra. Cuando vuelvas a este pueblo ya no estará la gacela que al comer de tu carne conoció el hambre de Eva.  Ella se fue por los valles en busca de la marea, del invierto del otoño, verano y primavera.  Se dice que allá la oyeron pariendo entre mar y tierra un niño emplumadito de granadas y cerezas que al minuto ya volaba llorando lágrimas tiernas, sabiendo ya de la muerte, vieja doncella esbelta, que le cantaba en el pecho sus añoranzas de tierra; la tierra que florecía donde quiera que él fuera.  ¿Ves las mimosas que bailan aromando la cambera? Fue él: pasó con el viento un día antes que tú volvieras con esos andares de sombra que llevas por la vereda....