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Mostrando entradas de mayo, 2022

Las historias que vamos dejando en cada lugar

 Él es como los fueguitos de Galeano, de esos que “arden la vida”. Un fuego de hogar con el abrazo siempre abierto pero cuya mirada de roble me hace parpadear.  Yo no sabía qué decirle, y él se me acercaba y me pedía que le hablara de poesía, mientras que yo sólo deseaba escucharle cantar. Escuchar aquella voz hecha para la Verdad adentrándose en el flamenco y sus palabras, que con sólo dos versos ya te ponen el alma en carne viva. Me dolía todo con tan sólo tenerle cerca, ese dolor de los primeros amores, que acabas por creer que no es más que el ansia de los niños tontamente ilusionados con la vida. En los ratos a solas, me rompía la cabeza tratando de poner sobre una hoja en blanco la alegría indecible que me provocaba poder sentir aquel dolor de todo.  Salía a hablar conmigo al balcón y se sonreía cada vez que mis ojos evitaban los suyos. Le decía “Ya, déjame”, y él me pasaba un brazo sobre los hombros y me atraía hacia sí. Me hacía pensar que jamás había sentido un c...

FRAGMENTOS DE LOS BARES

  Los cuatro Patriarcas están reunidos a mi vera. Con su voz de dueños del mundo ponen cadenas sobre la música. Los cuatro Patriarcas hablan y se ríen de los hijos ilegítimos, de los los libros que no deben ser leídos, de los autores que entregarán a la nada. Los cuatro Patriarcas saben que la ciudad es suya y a su paso besará la piedra con su frente la piedra. En todo lugar sus voces valdrán más que cualquier otro lenguaje de humanos y cosas. Los cuatro Patriarcas pacen aire y se les ponen los ojos como un cristal opaco. Por ellos han sido escritos todos los libros de las leyes. Nunca pronuncian el nombre de sus mujeres, y de nada se arrepienten pues son ellos quienes han de perdonarlo todo. Los cuatro Patriarcas. Escribo al pensar en su ocaso. ¡Llegue el día de la extinción de su progenie bautizada! Vayan a vomitar sobre su tumba sus bastardos, y a bailar desnudas y ensangrentadas las madres de los bastardos. Que cumpla el olvido su oficio. Que sea libre la piedra, que ninguna m...