Los Dueños del Oro temían. Los Dueños del Oro soñaban con cuervos y muelas robadas. Qué triste desgracia la suya, que quienes no poseían tesoros los anhelaban. La mansedumbre tocaba a su fin harta de trabajar sin ganar. Los Dueños del Oro ¡tenían las pupilas tan frías! Mirar de dragones avaros, que recorrieron el mundo y lo abrieron para robar sus tesoros y guardarlos. ¡Qué alegre el dormir en las manos de un sol de metal! Los Dueños del Oro se reunieron y esto que os cuento ocurrió: espejitos de estaño mandaron forjar, espejitos redondos de humilde mirar. Entre alharacas allí donde una persona habitara un espejito debía brillar. Manos hechizaras no dudaron en recoger los presentes. Los Dueños del Oro dictaron, como dueños de la historia y leyes: - Que allá donde fueran consigo el espejito debían llevar. - Que todo niño a los cinco años consigo el espejito debía llevar. - Que a partir de entonces sería aquel peque...
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