Aunque planeo que este sea un blog dedicado mayoritariamente a compartir mis propios poemas y textos puede que precisamente por ello sea bueno que la primera entrada no tenga nada que ver. Como muches de vosotres sabréis: el primer día de clase no es para dar clase. (De este modo se presentó mi profesor de estética en la universidad. Aunque en su caso, no fue sólo el primer día el que no se daría clase). Tal vez una míserable teatralización sea un buen modo de dar inicio al esperpento: Interior de un habitáculo desmesuradamente cúbico: no hay puertas, no hay ventanas. No se trata de que no exista salida alguna, sino de que la propia idea de salida jamás ha sido pensada. Las paredes, irrealmente lisas, son de un blanco impoluto que recoje y amplifica la vibrante luz de dos fluorescentes. En el centro del cubículo doce sillas, también blancas, forman un círculo perfecto. Todos los asientos están ocupados. El espacio está en completo silencio, quienes ahí se hallan parecen a la espera...
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