Cuando volvía del desierto de arenas azules y soles danzando en el horizonte seco de amargas palmeras, te encontré frente a los recuerdos echando flores por los ojos y mariposas de versos derramadas de los labios. Cuando volvía del desierto habiendo enfrentado la prueba de las estrellas que me abrasó las manos, te hallé a ti, moribundo de miedo, con el rezo seco para un dios dilapidado. Te encontré comiendo los barcos de mares rojos y peces de oro, plata y jade, sin carne para tus mareas. Cuando volvía del desierto hacia el hogar que guardan las dos serpes negras desdeñosas del veneno, me ofreciste la mentira de el infantil juego que amarra la alegría a las grietas de un espejo. Con tu mismo temor di calma a la sed de mi desierto en la pereza de esa copa. Olvidé las luciérnagas, grito último de la pupila que vomitó su maldición sobre las piedras de mi hogar guardado por dos ser...
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