Noche, dame la mano y camina conmigo atravesando las últimas horas del otoño, la arteria de Barcelona insomne. Noche, dame la mano, no quiero estar triste al despedirme de mis amigos del mar de las aves. Quiero respirar, por una vez, hasta el fondo de las cosas. Noche, dame la mano, tengo miedo porque me han contado desde la cuna el destino de mi carne creciendo hacia la tierra. La soledad del vacío a dónde no llegan las palabras, donde puede que algo exista, o eso implora la esperanza. Noche, dame la mano, ha sido hermoso amar, probarle el cuerpo a los hombres deseados. Arrancarme la piel bajo el cielo del verano y la música y el alcohol gratinándome la sangre. Noche, dame la mano, quizá esta sea la última vez que caminemos, vera a vera, juzgando a quienes cruzan las calles y se sientan en las plazas con los ojos empañados. Noche, dame la mano, quizá regrese para abrazar a mis amigos, para mirar al mar, la Sagrada, el Montjuïc, como si el...
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