Desde que tú te me has ido
tengo los labios muy tristes
y espero, espero que vengas,
promesa que nunca me hiciste.
Salgo desnuda a la calle,
toda vestida de flores,
jazmines, hortensias, geranios,
rosas de los mil dolores.
Busco en la noche cien hombres,
cualquiera que me abra su vera,
y dormir callada estos sueños
que arrastro que son mi condena.
Amor, la luna está herida
y se anda con lloros de niña.
Amor, cigarras de sangre
me tejen tu ausencia a la carne.
Un hombre con ojos de roble
hay en la tierra granada,
amigo de mis amigos,
a cuya espalda la vida cabalga.
La tarde se ha puesto incendio
abriéndose coqueta el pecho,
yo miro sus manos de cobre
tallando guitarra en su lecho.
Canta el dolor de una flor
que a fado y sangre regaba.
Yo digo ¿no ves mi vestido?
¡Por ti voy que bailo blanca!
Amor, ya vienen estrellas,
pasan que prenden candela.
Amor, esta nana de aves
morra en tus manos cobardes.
¡Ay que me canta a rebato
de agua la flaca muchacha!
Sembrando va por las calles
te quieros que mi alma calla.
Serás a mi lado una torre,
guardián que tenga mil años.
Yo sea el alto ciprés
que cae sobre tu tejado.
Y así ir soñando otras cosas:
de viento de tierra y hogueras.
Tú con aquella a quien amas,
yo ya cuido de mis penas.
Amor, ya viene la aurora
con tu olvido por corona.
Amor, quiero ser arena,
esposa eterna de la marea.
Mira qué labios de viento
se me han quedao’ de quererte.
Te haré diadema de flores
y quede escrito en la piedra:
no llore aquí quien de amores
(callando,
callando)
no sepa.

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