Reescritura Bach en León
Suenan Bach y los suspiros.
¿Hay algún rastro de que existimos,
noche de otoño, cielo dormido?
Dos amantes tan jóvenes
como nosotros tienen que escuchar
a Bach después de pretender amarse,
¡así el mero sexo se transformará
en un pasaje en un libro
de Cortázar, y nuestros cuerpos
desnudos tendrán sentido!
La cama es cálida.
Las cortinas tienen dibujos de amapolas.
Afuera llueve y sopla el viento.
Hoy es la madrugada del domingo.
Lo hemos hecho todo bien,
como los relatos y la poesía dicen
que deben hacerlo los amantes:
un primoroso arreglo de estética.
Pero yo le amo a él y tú me amas a mí.
Pero tras besarte a ti no volveré
a besarle a él; y tras besarme a mí
tú regresarás para besar la frente de tu pareja.
Unos pasos rompen el monólogo de la lluvia.
El motor moribundo de un coche.
La pesada puerta de algún portal.
Unos pisos más arriba, una cisterna.
Bach calla y el hombre a mi lado
se ha dormido. Ahora es una sombra
oscura, informe. Ahora que todo
es nuevamente cotidiano, mediocre,
por fin puedo imaginar
que acabo de hacer el amor con el hombre al que amo,
que el costado contra el que me acurruco
es el suyo, que el calor que buscan
mis manos es el de su cuerpo.
Y que por la mañana
al despertarme
el rostro que veré
será el suyo.
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