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El vendedor de diamantes

    ¿A dónde has ido? voces preguntan por ti y no te veo. Te autonombraste el Vendedor de Diamantes, pero yo contemplé tus manos vacías al crepúsculo, antes de tu partida. Saludaste con las manos vacías, hablaste con palabras vacías, miraste con los ojos vacíos. Nada obtuviste de tu travesía, pues la iniciaste diciéndote poseedor de todo. 
    Vendedor de Diamantes... ¿a dónde habrás ido? voces preguntaban por ti y nada supe contestarles. Tal vez avanzas a través del mundo y las venas robando tiempo sin siquiera percatarte, tomándolo y dejándolo caer olvidadizamente. 
    Vendedor de Diamantes, ¿a dónde pretendías llegar? avanzabas falsamente, arrojando a tus costados semillas yermas. Olvidaste el color de las flores, el sabor de las frutas estivales, el olor de las raíces cuando besan el agua. 
    Si vuelves algún día, si nuestras pupilas se cruzan de nuevo en los telares del aire, pasa fugaz o permanece estático; pero no me muestres tus ojos, no me muestres tus manos ni tus palabras. Ve hacia las voces que preguntan por ti, que reclaman al Vendedor de Diamantes y los grandes tesoros que proclama. 


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