Criaturas enormes. El corazón nunca dolió tanto como cuando el niño se sumergió en los juegos del gigante y no encontró el hilo dorado hacia el vientre. Criaturas que ríen. El hígado nunca dolió tanto como cuando la única realidad de la felicidad fue fingir que los caminos conducían al sentido de las cosas. Criaturas que aman. Las articulaciones nunca dolieron tanto como cuando el único antídoto era bailar y ya ni el antídoto ocultaba la antigua fecha de la desilusión. ***** No voy a articular las palabras de tu grito. Voy a escribir: él grita, yo bailo y extiendo billetes negros. La música es lo suficientemente eléctrica. La muerte es la misma y, por eso, igualo nuestros dolores. Se me ponen ojos de ámbar y te sonrío a sangre. Tu sermón es un ave, no sé si de cielo o de asfalto, y yo tengo cieno entre las uñas por rebuscar las raíces de la moral de nuestros actos. ***** No duele pájaro, no duele. Mi meñique se ha independizado, on...
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