Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de agosto, 2019

Los verdaderos ojos de Manaslú

Manaslú tenía los ojos de azabache, extraídos en su peregrinación a través del profundo sueño de la Tierra. Era gracias a esos ojos que el sol nunca le mordía la mirada, y ningún horizonte le agotaba con su inmensidad. Por eso encontraba tan enorme placer en vagabundear por el desierto, cuna del silencio y patria de los desheredados. A veces se limitaba a ser un mero observador de los fenómenos; otras se detenía a conversar con quienes ahí moraban, entreteniéndose en escuchar la voz susurrante que a todos era común, como si nadie quisiera perturbar la somnolencia en que se deslizaban, durmientes que respetaban el sueño de los otros. Esa tarde caminaba con los pies descalzos sobre la gruesa arena a la que el sol poniente daba un aroma cobrizo. Las dunas se alzaban con placidez, siempre iguales, cubriendo la total superficie como ondulaciones de un mar petrificado. Sobre ellas, libre, saltaba despreocupadamente la sombra de Manaslú, que en aquel momento lucía la forma de un ...

El Olivar

Qué adivinas, Borracha, en esta astronomía de tejados sin estrellas? Dónde está tu amante, Borracha, el que nunca fue y se cubre, a tu regreso, de dóciles sombras? Qué músicas, Borracha, compartes con los otros Derrotados? Qué cuerpos, Borracha, has disecado, sin nada que aprender, entre tus piernas? Qué hogares, Borracha, has desconocido después de tu largo tiempo de exilio? Qué noche eterna, Borracha, has desgranado en el silencio seco de las botellas? Qué miradas, Borracha, han devorado tu esbelto cuerpo de orgullosa madrugada? Qué viejos amigos, Borracha, has saludado con desgastados ademanes? Qué mujeres cornudas , Borracha, has coronado con la mirada esquiva al final de la calle? A qué viejos sueños, Borracha, les has bailado el almizcle que siempre te negaron? Qué marchitos hombres, Borracha, han intentado acercar a la tuya su frente? En qué camas, ya ciega, terminaste, Borracha, ...

Algún día

Algún día enloquecerás, esa locura triste del niño abandonado que se busca y pierde en los rincones y mira con los ojos muy abiertos, como desesperadas bocas de polluelos rogando un alimento digerido. Algún día enloquecerás y no comprenderás nada. Los viejos símbolos que ordenaron el mundo Perderán su calor de hoguera madre y permanecerás, sola, en una inútil luminosidad de hielo. Algún día enloquecerás y abrazarás los ajados peluches susurrando, como oraciones, sus nombres huecos. Montarás el balancín de madera, aún oloroso a las manos de tu abuelo, caballito manso, ya sin crines ni cola, y le rogarás repetir las aventuras de antes. Antes, cuando todo era posible y no existía la disculpa. Algún día enloquecerás, extenuada ya de tu gran viaje, con los ojos hundidos hacia dentro, como piedras que no pueden ignorar su deber de partir aguas. Vagar...