Algún día enloquecerás,
esa locura triste del niño abandonado
que se busca y pierde en los rincones
y mira con los ojos muy abiertos,
como desesperadas bocas de polluelos
rogando un alimento digerido.
Algún día enloquecerás
y no comprenderás nada.
Los viejos símbolos que ordenaron el mundo
Perderán su calor de hoguera madre
y permanecerás, sola,
en una inútil luminosidad de hielo.
Algún día enloquecerás
y abrazarás los ajados peluches
susurrando, como oraciones, sus nombres huecos.
Montarás el balancín de madera,
aún oloroso a las manos de tu abuelo,
caballito manso, ya sin crines ni cola,
y le rogarás repetir las aventuras de antes.
Antes, cuando todo era posible y no existía la disculpa.
Algún día enloquecerás,
extenuada ya de tu gran viaje,
con los ojos hundidos hacia dentro,
como piedras que no pueden
ignorar su deber de partir aguas.
Vagarás sola a través de lo inmutable,
donde la música exista sin destruirse a sí misma.
Y algún día TE olvidarás
y sólo serás un mirar de espanto
que el resto de los seres maldice piadosamente.
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