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Mostrando entradas de junio, 2022

SOL

  Sol, si no fueses como dicen que eres: un óvulo de fuego destinado a consumirse hasta la nada.  Sol, si sintieses, si fueses un dios lleno de pena y amor humano, pues en lo humano forjaste tu nombre y larga historia; Sol, ¿sentirías dolor ante el dolor, rabia ante la rabia? Si al mirarnos, es decir, si nos mirases,  ¿buscarías los lobos, los saltamontes, los gorriones y los niños? Sol, ¿querrías arrancarte los ojos que no posees (¡han visto tanto!) y acortar tu eternidad (¡aún eres joven!) y ser como dicen que eres: un óvulo de fuego destinado a agotarse hasta la nada?

A UNA MUJER SENTADA A MI LADO

  Has esperado durante siglos. Aunque llegue, llegará tarde.  ¿Quién te devolverá el tiempo en que tus huesos se agrietaron, en que te arrancaste los músculos por callar su grito “¡Corre!” , en que para tantos ojos fuiste “Pobre, a quién con esa lealtad de perra aguarda” ? Aunque al llegar te bese los labios y te cubra los hombros, llegará tarde.  Siete amantes pasaron frente a tus senos dormidos. Siete aguas, siete carnes, que no probaste a pesar  de tu sed y de tu hambre.  El niño de ojos verdes, el indeciso guitarrista, el domador de caballos, el escultor de sonrisas, el simple oficinista, el guardián de jardines, el hijo de los lenguajes.  Aunque al llegar te entregue dos monedas de plata, diciendo que así cruzaréis juntos, llegará tarde.  ¿Qué historia común tendréis que contaros mientras la barca cruza aguas y penumbras? ¿Qué os diréis? Tú:  “Yo te esperé toda la vida. Aquí sentada, y gentes pasaban a mi vera, triunfadores y criaturas solita...

ROMANCE DE LOS HUESOS

  Hueso de oro, sol de agosto,   de frente, brutal quijada; por celo del monte pleno se encabrita y agranda, embiste sobre las copas que dan su sombra abrasada a nuestro cuerpos vestidos con linos, piel perfumada, olorosa a los aceites que lloran flores saladas. Sendero arriba cantamos himnos de lenguas como agua, sin dolernos de las tierras que nos bajan por la espalda.  Con los rostros descubiertos, con blancura desbastada, con los ojos afilados de los que miran con calma, y en lo alto de la cabeza cestos de plata sagrada donde el viento teje ensueños de su soledad amarga.  Entre los troncos los cuervos claman su hambre despreciada, tienen sombra de llama o de pilares de obsidiana.  “Callad”, decimos riendo “que hoy no os traemos nada. Vacíos van nuestros cestos que nos doblarán la espalda cuando bajemos de nuevo con la cosecha acabada. ¡A callar, cuervos, a callar! que hoy no os traemos nada, no subimos hoy al monte vísceras ensangrentadas, patas, costillas y...

MORADORES DE OVIEDO

     ¡Qué poca vergüenza, ir por ahí con la cabeza abierta de par en par, enseñando el cerebro de esa manera! Se te van cayendo las palabras y las ideas, y a tu espalda dejas un rastro como de baba de caracol directo a la sal.        ¡Eres piedad, un mal ejemplo, las madres rezan (incluso las que no rezan) para que sus hijos no se parezcan a ti! En las esquinas recoges cuencos de agua y comida que la gente te deja, porque ven en ti a un gato callejero. Si un día te mueres, ¿quién te recuerda? Nadie va a querer cargar con el muerto.       Vas por ahí espantando a la gente lo mismo que un petardo a las aves; te evitan, se apartan, te dedican consoladoras sonrisas, te entienden o no, te responden “Sí” o “Quizá” o “Claro”. ¿Hace cuánto que alguien no se para a escucharte y saber lo que dices?       ¡Qué trucos de magia baratos! ¡Qué horror que ni la música te tienda una mano! Y a estas alturas, ya todos dicen “Este y...