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A UNA MUJER SENTADA A MI LADO

 Has esperado durante siglos.
Aunque llegue, llegará tarde. 
¿Quién te devolverá el tiempo
en que tus huesos se agrietaron,
en que te arrancaste los músculos
por callar su grito “¡Corre!”,
en que para tantos ojos fuiste
“Pobre, a quién con esa lealtad
de perra aguarda”?


Aunque al llegar te bese los labios
y te cubra los hombros,
llegará tarde. 
Siete amantes pasaron
frente a tus senos dormidos.
Siete aguas, siete carnes,
que no probaste a pesar 
de tu sed y de tu hambre. 
El niño de ojos verdes,
el indeciso guitarrista,
el domador de caballos,
el escultor de sonrisas,
el simple oficinista,
el guardián de jardines,
el hijo de los lenguajes. 


Aunque al llegar te entregue
dos monedas de plata, diciendo
que así cruzaréis juntos,
llegará tarde. 
¿Qué historia común tendréis
que contaros mientras la barca
cruza aguas y penumbras?
¿Qué os diréis? Tú: 
“Yo te esperé toda la vida.
Aquí sentada, y gentes
pasaban a mi vera, triunfadores
y criaturas solitarias. Me invitaron
a ir con ellos por las flores.
No quise seguirles”. Y él:
“Yo recorrí los caminos.
Vi tanto, ¡tanto aprendí!
Reuní mil amigos y amantes,
vine sin prisa, sabía
que tú siempre esperarías”.

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