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Mostrando entradas de marzo, 2022

Quiero sentarme frente al mar

¡Qué cosa es la vida! Hasta que nació ese crío, yo era sólo el hijo de mi padre. Ahora soy, además, el padre de mi hijo —El mundo es redondo, y rueda ” Réquiem por un campesino español, Ramón J. Sender Quiero sentarme frente al mar, porque el mar está vivo y nunca se termina por más altos que sean los acantilados. Porque si al mar, que es tan grande,  tan eterno, tan sangre del aire, no le duelen mis penas, cómo pueden a mí, que soy pequeña y breve, hija de mi madre, madre (espero) un día de mi hija ¿cómo pueden a mí dolerme mis penas? Quiero sentarme frente al mar, vengo a afilar dagas, espadas y flechas de pensamiento y sentimiento, a desdeñar frente a las olas mi amargura, a contarle que quiero, con mis manos suaves, salvar el mundo, desterrar a los mezquinos con golpes de rabia y poesía sin dientes.  Vengo a escuchar su rugido inanimado, su indiferencia ante el destruir humano. Vengo a que mis sueños no sepan a nada, a creer en la reencarnación para ser medusa, sin ba...

La perra buena

Buena la quieres, sí, buena. Como la perra que, a dentelladas, mata a su prole y te ahorra las manos sucias.  Buena, como una campana, que anuncia, para ti, sin falta,  las horas donde todo te sonríe, y que calla, para no quebrantar tu pulso, los augurios del plomo.  Buena la quieres, sí, a ti debida en sangre y fantasía, un reflejo donde verte, más grande que la vida y la muerte. Un escudo frente al tiempo, una cuerda que calma tu miedo a no controlar la nada, tu miedo a encontrarte sin un nombre, sin una carne en la que alimentarte, tu miedo a ser un animal corriendo en la sombra de la muerte que olvida el otro lado de los mares. Tu miedo a volver al vientre, al vientre del que ya  nadie regresa.

El origen de la noche

La canción que tejieron los gigantes, la que dio forma a la materia,  ¿fue canción o sueño? Si fue canción, tejieron su propia red  de araña en que flotaron hacia una muerte lenta.  La canción les desgarró a fuerza de eternidad antes del tiempo, a fuerza de ser antes que las cosas, la garganta como desgarran las olas los suaves acantilados.  La canción les partió lenta, imperceptiblemente, la lengua pero no pararon. Lenta, imperceptiblemente uno a uno sus dientes quebrados y el  paladar se desprendió como la arena mientras la canción siguió vibrándoles los tímpanos y el cerebro, poco a poco, materia rosa gratinada llorando por los ojos  en caudales de un llanto desierto de dolor.  La canción que astilló sus huesos, tensó la fragilidad de sus gigantescos músculos, hasta que, finalmente, la canción que tejieron los gigantes del todo, antes de la nada, les reventó, sin prisas,  el corazón, les encharcó gota a gota los pulmones.  Callaron sus tri...