Buena la quieres, sí, buena.
Como la perra que, a dentelladas,
mata a su prole y te ahorra
las manos sucias.
Buena, como una campana,
que anuncia, para ti, sin falta,
las horas donde todo te sonríe,
y que calla, para no quebrantar
tu pulso, los augurios del plomo.
Como la perra que, a dentelladas,
mata a su prole y te ahorra
las manos sucias.
Buena, como una campana,
que anuncia, para ti, sin falta,
las horas donde todo te sonríe,
y que calla, para no quebrantar
tu pulso, los augurios del plomo.
Buena la quieres, sí, a ti
debida en sangre y fantasía,
un reflejo donde verte, más grande
que la vida y la muerte.
Un escudo frente al tiempo,
una cuerda que calma
tu miedo a no controlar la nada,
tu miedo a encontrarte sin un nombre,
sin una carne en la que alimentarte,
tu miedo a ser un animal corriendo
en la sombra de la muerte
que olvida el otro lado de los mares.
Tu miedo a volver al vientre,
al vientre del que ya
nadie regresa.
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