El amor es esa flor de pascua que compras cada año en el esplendor, roja como el dolor al golpearte la yema de los dedos. Y juras que la mantendrás viva, siempre tan hermosa; será el orgullo de tu hogar, y la pones a la entrada para que todos la admiren al cruzar el umbral. Y la riegas, y la mimas, y por unas semanas ¡parece incombustible! Pero empieza a languidecer, las hojas caen, vencidas por no se sabe qué derrota, y todos tus cuidados no bastan. Mueves la flor al salón. Quizá esté cansada de tantas miradas, (quizá tú ya no quieres que la miren tanto), y la riegas, y le cantas acariciando sus hojas donde van brotando manchas negras. Pero todos tus cuidados no bastan, y las visitas empiezan a mirar hacia otro lado, educadas, no quieren mencionar tu flor enferma. Mueves la flor a tu habitación, donde nadie entra, donde nadie la vea. Quizá la flor no soporte las miradas, (quizá tú no soportas las miradas que descubren tu...
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