Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de febrero, 2022

Último atardecer en el Adriático

No he visto el fuego.  Las nubes estaban hambrientas - o celosas - y lo escondieron en sus vientres.  El mar tenía tanto frío, estremecido como un niño abandonado. Los peces eran agujas de plata bordando sueños sobre las aguas.  Buscaba el fuego para hundir mis ojos en su fragua de recuerdos. Pero el fuero no era más que el débil, último aliento de la canción de los dragones que la razón dio por muertos.  La mano de mi amante era un anillo  frío donde no late el fuego. Su mano, la flor más bella, arrancada y sin fuego. 

Bosquejos de noches y bares

Entre pausas y reanudaciones, la Jam habría durado una hora. Ni siquiera entonces, con los instrumentos silenciados pero fuera de sus fundas, era seguro que no la retomasen de un momento a otro. No era nada demasiado oficial, una simple reunión de amigos que algunas personas sabían que tenía lugar los miércoles impares; para la mayoría, simplemente se trataba de una agradable sorpresa al cruzar la puerta. Al principio no habían sido más que cuatro hombres ya maduros; más tarde, a la hora en que finalizan las clases, junto con gente, gente y más gente, aparecieron algunas estudiantes del conservatorio. Violinistas, tres, cargando con fundas decoradas con pines y parches de la bandera asturiana, el símbolo celta, la bandera de la República, símbolo de aquella historia que cada vez se parecía más a una inocua leyenda que a una realidad histórica alguna vez vivida. Se unieron, aunque no tocaron demasiado tiempo, sintiendo que quizá eran demasiados en aquella mesa del rincón derecho, que pa...

Los hijos del aire

Aquel olor que traía en las ropas era como la estela del eco.   El aire que le bailaba dejaba  aroma de polvo hecho huesos mal enterrados, abandonados  al sol del camino seco.  Se sacudía la tierra y caían recuerdos que sólo tuvieron  velorios de alcohol y cenizas desbordando los ceniceros. Queriendo ocultar su herencia se hacía árbol de frutos muertos. Pero al final, carne contra carne, ¿qué secretos van a quedar? El aire hedía a sombras; el sudor a sucio cristal, las sábanas a enigmas que el corazón no puede aceptar. Así, un mediodía de junio bajo el calor de mi hogar, en un valle mirado al Este, haciendo el amor sin amar, comiendo los hijos del aire, dejamos de respirar. Claro que él,  alimaña acostumbrada  a su veneno, sobrevivió. 

Entonces era

Entones era amor. No lo digo yo - ¿qué pueden estas manos mentir lo que no sienten? -. Pero he vuelto a tocar  con estas manos las palabras que fueron llanto, poema o un jugo amargo de limones repitiendo el error de esa esperanza, camino con su pelaje de corza, con sus ojos de polilla  ¡tan alegre! camino del cuchillo donde  ha de entregarse para  saciae una boca sin hambre.  (¿Tú también te preguntas cuántas veces puede revivirse la esperanza para cometer el mismo error?)