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El origen de la noche

La canción
que tejieron los gigantes,
la que dio forma a la materia, 
¿fue canción
o sueño?
Si fue canción, tejieron
su propia red 
de araña en que flotaron
hacia una muerte lenta. 

La canción les desgarró
a fuerza de eternidad
antes del tiempo,
a fuerza de ser
antes que las cosas,
la garganta como
desgarran las olas
los suaves acantilados. 

La canción les partió
lenta, imperceptiblemente,
la lengua pero no
pararon. Lenta,
imperceptiblemente uno
a uno sus dientes
quebrados y el 
paladar se desprendió
como la arena mientras
la canción siguió
vibrándoles los tímpanos
y el cerebro, poco a poco,
materia rosa gratinada
llorando por los ojos 
en caudales de un llanto
desierto de dolor. 

La canción que astilló
sus huesos, tensó
la fragilidad de sus
gigantescos músculos,
hasta que, finalmente,
la canción que tejieron
los gigantes del todo,
antes de la nada,
les reventó, sin prisas, 
el corazón, les encharcó
gota a gota los pulmones. 
Callaron sus tristes
calaveras hechas 
polvo sin polvo al que volver. 

Y en el silencio de
la canción que tejieron
los gigantes, se encontraba
el origen de la noche, hasta
que la razón los descubrió
de nuevo, otros, diferentes,
circulares y perfectos.
Y el silencio se hizo
aún más grande.

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