Qué adivinas, Borracha, en esta astronomía de tejados sin estrellas?
Dónde está tu amante, Borracha, el que nunca fue y se cubre, a tu regreso, de dóciles sombras?
Qué músicas, Borracha, compartes con los otros Derrotados?
Qué cuerpos, Borracha, has disecado, sin nada que aprender, entre tus piernas?
Qué hogares, Borracha, has desconocido después de tu largo tiempo de exilio?
Qué noche eterna, Borracha, has desgranado en el silencio seco de las botellas?
Qué miradas, Borracha, han devorado tu esbelto cuerpo de orgullosa madrugada?
Qué viejos amigos, Borracha, has saludado con desgastados ademanes?
Qué mujeres cornudas , Borracha, has coronado con la mirada esquiva al final de la calle?
A qué viejos sueños, Borracha, les has bailado el almizcle que siempre te negaron?
Qué marchitos hombres, Borracha, han intentado acercar a la tuya su frente?
En qué camas, ya ciega, terminaste, Borracha, besando olvidos?
Qué flores, Borracha, mordiste rabiosa, obteniendo cenizas por sangre?
Qué besos, Borracha, imaginabas entre trago y trago ?
Qué imaginarias espaldas, Borracha, viste hundirse en la noche insalubre?
Qué ojos eléctricos, Borracha, quisieron enseñarte sus lecciones de amor?
A cuántos quisiste, Borracha, clavar los puñales porque ellos amaban como tu no podías?
Qué aromas, Borracha, te enloquecieron porque olían a obstinado pasado?
Qué vacío, Borracha, querías llenar arañando la noche?
Dónde estaba, Borracha, tu amante cuando Le llamanas rasgado pupilas?
Qué resolución tomaste, Borracha, de ser monumental arcilla?
A dónde te llevaron, Borracha, tus pasos de hambre fría y dócil?
Quiénes te siguieron, Borracha, y no te encontraron, ensangrentada en lo hondo de tu parto yermo?
Cuántos garitos, Borracha, recorriste en busca de un único baile y todos dormían silencio?
Y qué te duele más, Borracha, ya que eres ociosa y solo tienes clavada esta espina : haberle querido de por vida o el buscar rasgar su cuello?
Reescritura Bach en León Suenan Bach y los suspiros. ¿Hay algún rastro de que existimos, noche de otoño, cielo dormido? Dos amantes tan jóvenes como nosotros tienen que escuchar a Bach después de pretender amarse, ¡así el mero sexo se transformará en un pasaje en un libro de Cortázar, y nuestros cuerpos desnudos tendrán sentido! La cama es cálida. Las cortinas tienen dibujos de amapolas. Afuera llueve y sopla el viento. Hoy es la madrugada del domingo. Lo hemos hecho todo bien, como los relatos y la poesía dicen que deben hacerlo los amantes: un primoroso arreglo de estética. Pero yo le amo a él y tú me amas a mí. Pero tras besarte a ti no volveré a besarle a él; y tras besarme a mí tú regresarás para besar la frente de tu pareja. Unos pasos rompen el monólogo de la lluvia. El motor moribundo de un coche. La pesada puerta de algún portal. Unos pisos más arriba, una cisterna. Bach calla y...
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