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Los caballos, hermano

¿Los caballos, hermano? 

Pasto de muerte.

Sus tumbas,

sepultura de tierra adelante

cerquita de la mar.

Mas siempre en la otra orilla,

en la seca,

en la sin mareas

la sin olas

ni navíos ni cuerpos

amortajados de medusas. 


¿Los caballos, buscas? 

Han muerto.

Hace mucho. 

Pero aún, 

en sueños,

vienen a sembrar la tierra

con la tierra

de sus ligeras calaveras,

porque se les hace

pesada la nada

a ellos, que nacieron

para existir

y un anónimo atardecer

murieron sin que el mundo

escuchase su voluntad.


¿Los caballos, añoras? 

No han de volver.

Su silencio no significa

mas que el eco futuro

de nuestro silencio.

Su frente reventada,

sus intestinos de bordado ciego,

anuncian

el tarareo de esa muerte 

que un niño canta manso,

sin darse cuenta,

cogiendo flores

para quines quiere. 

Sus intestinos de bordado ciego,

su frente reventada,

anuncian 

nuestra muerte

cerquita del mar.


Pero en esa otra orilla,

la mala la seca la sola,

donde no juegan las estrellas,

donde te desencajas los ojos 

mirando a todas partes

donde no hay nadie,

nadie...

más que tú

muriendo a solas. 


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