Yo: prodigio de millones
de células.
Tambor constante
de sangre
olorosa en corredores
tejidos por arañas
que enhebraron el mundo
hace millones
de años sin palabras.
de células.
Tambor constante
de sangre
olorosa en corredores
tejidos por arañas
que enhebraron el mundo
hace millones
de años sin palabras.
Yo: arquitectura
de moléculas,
inconcluso vals de aire,
promesa de flor de polvo.
Árbol de sabia eléctrica,
aprendiz de las canciones
que enseñan el equilibrio
entre quien huye
y quien se queda.
Yo: en mí llevo
la herencia repetida
y transmutada, carne
tras carne.
Fui dos, y no fui nada,
antes de llevarme
las manos a los ojos
y decir
- Yo Yo Yo -
yo amo estos árboles,
el río, los caballos,
las aves
y a ese hombre.
yo amo estos árboles,
el río, los caballos,
las aves
y a ese hombre.
Yo: me fallan
a veces los pulmones.
Tantas veces he ignorando
el cascabel de los pequeños
seres que a mis pies
crecen, seres que a mis pies
mueren.
Y no logro entender
esos secretos que otros
desmenuzan como niños
indolentes comiendo
una naranja.
Yo: ¿qué será
de este universo
de carne y pensamiento
encerrado, como un ave
en los límites del tiempo?
También quiero dar frutos
antes que se derramen
podridos de mi cuerpo.
Pero siento el vientre cerrado
por una losa de cemento.
Me llora por las manos
un llanto de silencio
de un niño que no existe
y me llama desde el sueño
con voz de manzana, voz
de mis ancestros:
Lo vemos por tus ojos,
que el mundo se está muriendo.
Sentimos en tus suspiros
la seguridad
del futuro incierto.
Pero escucha: si todo
se va a la ruina, mas vale
morir naciendo,
que sentarse sobre las ruinas
a pudrirse desde dentro
viendo reír sin dientes
a quienes comen dinero.
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