Si me la hubieses dado
el arma,
la obsidiana y la pistola,
¡qué habría hecho!
Habría sonado una música horrible
en un paisaje inmóvil de cuerpos
que no comprenden y no ahondan.
Si me hubieses dado el arma...
¡No, no me dejes
siquiera pensarlo!
Un osario en que exponer
a aquellos que mienten
y dicen palabras que no creen,
y claman nombres que no conocen.
Lo que yo hubiera hecho...
una caricia y ¡PUM!
Hubiese erradicado
a quienes no son como yo,
a quienes culpo de que este mundo
no sea perfecto en mis términos.
Bala a bala a bala
hasta habitar en soledad
el mundo perfecto en mis términos.
Qué miedo, si hubiese empuñado
la pistola y la obsidiana...
¡Por mí, temblaría por mí!
Cuando ya no quedase nadie
y el mundo siguiese
sin ser perfecto y la
pistola y la obsidiana
apuntasen por fin
hacia el culpable.
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