Dicen que en el lenguaje
de los peces no hay palabras
prisa destino angustia
rencor ni traición
que ensucien sus escamas
con amarga sangre seca.
Dicen que los peces
cantan una infinita
canción con raíces de agua,
con melodías de espuma
y nunca es ninguna
igual a la anterior.
(¡No seas tan ciego!
no es cuestión de memoria
de pez que los peces
no se repitan. Fluye
y entiende: ninguna canción
es dos veces la misma).
Dicen que los peces
no pierden el tiempo
en penas de amores
ni en hambres grises
de los insaciables.
Que no guardan cariño
por sus padres o hijos
ni ansían amigos.
Sólo cuando el Sol
se agacha y besa
el agua; sólo cuando la Luna
rompe el cristal de los sueños
bailan y ríen los peces.
Dicen que los peces
no terminan de creerse
al morir que la vida
termine y caiga sin estruendo
por las blancas cascadas
de la nada.
Que no hay apoteósica
revelación al final
del brillo de sus ojos
carentes de profecías, pues
dicen que los peces
nunca necesitaron
entender nada.
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