Tierra, que caes y no rompes
los huesos que te dieron,
que acunas esas muertes
en sueños de milenios.
¿Les darás las flores,
les darás los lamentos?
¿Y cuando llegue el día
tu olvido y silencio?
Tú, que siempre has sido
la montaña y el puerto;
vientre que huye del
inevitable regreso.
Eres suave y seca,
tensa mano de hierro,
Tierra, madre de todo,
fauce sin contento.
Te he entregado mis labios
para no darte lamento;
creí que sin ti podría
ser animal sin dueño.
Pero miro mis uñas,
y en mis uñas te encuentro.
Al buscar con mis ojos
juzgo aunque no veo.
Arrásame las venas,
sálvame del entierro.
Tierra, que nos expulsas
y reclamas con desprecio.
¡Quién se equivoca al odiarte
o al hendir tu pecho!
Si nos lo muestras todo
y nos haces de anhelo.
Tierra, ¿para qué prometes
este quiero y no puedo?
Este: “A ver a quién le toca”
¡yo no te lo acepto!
Aquí o todos vivos
o todos muertos.
Tierra, así te atragantes
con todos tus huesos.
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