Tú ya sabes:
la luna calla
la gente atrona.
Vasos de rakjia
y Pelinkovac.
Un perro durmiendo
y una estrella fugaz
rasgando el cielo.
Faltan dos días
para el otoño
y tengo tanto sueño
como las hojas al cumplir
su jornada.
Tú ya sabes:
lo has visto todo,
se ha repetido todo.
Se que podrías
decirme el día
de mi muerte pero callas,
como callas
el nombre de mi amante,
los ojos de mi hijo.
Tú ya sabes:
pero tienes hilos
de oro en los labios,
crees que son tu riqueza,
por eso callas.
¿De qué te sirve
toda tu sabiduría?
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