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La esperanza (perdida)

 He perdido la esperanza...

Sin tragedias, ni lágrimas.


No era una esperanza de esas que hayan de ser lloradas, o que dejen abismos por ausencia. Era más bien una esperanza que no sabes muy bien qué hacía ahí. Que estaba y tú la dejabas estar, y mirando de vez en cuando a esos ojitos azabache de fénix recién nacido le preguntabas, esperanzado (pero de otra esperanza aún más patafísica) "¿Por qué esperas?", y ella vibraba nerviosa y asustada, sonrojada de haber sido descubierta en su reposo, y miraba hacia otro lado, se rompía en infinitos fractales de colores y "por qué" y "para qué" y "podría ser" y "tal vez", y te dejaba un poco desorientado, ahí dentro de ti mismo, tratando de comprenderte a ti y a la esperanza, o tal vez a la esperanza y luego, porque ella, a ti. 

Pero la cosa es que la he perdido. O se ha ido, cansada de esperar. Pero no, ella no era del tipo de esperanzas que te abandonan cuando más las necesitas, de esas esperanzas que hacen su equipaje de sueños e ilusiones, de luz y oro y estrellas liberadas de la obligación de un parpadeo de 180º y se van con un suspiro o una calada, saludando burlonas mientras montan su corcel de aire.

No, esta era el tipo de esperanzas que son demasiado frágiles e inocentes para pisar los cristales del mundo exterior, y se quedan en lo más profundo del corazón, donde se acaba toda esa mentira realista de sangre y venas y músculo y tejido y arterias y empieza la verdad, del infinito desierto y la cálida caricia del fuego que consumidor de vida. 

Así que la pobre sólo ha podido perderse ¡vete tú a saber qué estaba haciendo! Tal vez salió un segundo a asomárseme a los ojos en el momento en que miraba a un desconocido y, sin darse cuenta, se equivocó de pupila en su regreso. O tal vez estaba en mis labios en ese otro momento de besar a un  desconocido y este, al sentir su tierna dulzura, me la robó sin darme yo cuenta.


Pero he perdido la esperanza.

Esa que no te hace esperar

ni el "te quiero", ni el amanecer ni los sueños,

sino que aún sonríe, como el niño

cuando todas las demás

han tirado sus flores, 

y muy quedamente

canta y canta y canta.

La esperanza que yo he perdido

es la que pinta tu sonrisa, 

pero sin ella ya no puedes sonreír

al misterio de esperar

sin esperar nada.


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