No escuchen a la sombra:
tiene celos
del guitarrista.
La sombra grita y se enrosca
alrededor del falso
centro de las cosas,
y alaba al guitarrista,
y escupe al guitarrista,
y exhala en húmedos conjuros
el nombre inacabado
del guitarrista.
No escuchen a la sombra:
sólo se arrepiente de una cosa,
y esa única herida abierta
se enraíza, se enquista, tratando
en vano de florecer.
Y sobre las ilusorias manos
del guitarrista se desdibuja
los ojos que debieron
haber labrado el mundo.
Compadézcanse de la sombra.
GEORGE OWEN WYNNE, El alma de la guitarra
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