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Tengo que preparar la cena y beber vino

No me interesa lo que me vende,
mire,
tengo el mar empollando en mi ventana las olas,
el sol al Este y al Oeste
y todas las noches recitales de fantasmas
frente a la puerta de casa.

¿Anillos? ya tengo uno
por cada dedo - de los pies,
también -.

¿Collares? Ya me pusieron
al cuello mis ancestros
su herencia de cadenas.

¿Belleza?
La gente más bella que he visto
lo es por su risa,
por su voz a campanadas.
Eso usted no lo vende
(se pudre si lo intentan almacenar)

¡Ya, váyase,
dice que viene a venderme
pero me roba el tiempo
anunciando lo que no deseo!

“Paciencia”
¡me dice “que aún queda
lo mejor,
la oferta irresistible,
lo que nadie rechaza:
¡Dinero!”
¡Qué cosa! ¿qué me pedirá
a cambio de ese conjuro
que compra el mundo
con promesas,
y nuca calma el hambre,
y entrega al hambre hambre.
“Con la vida,
por supuesto”
me dice, “poca cosa,
inversión de poca monta,
unos años, nada más,
que eso lo tiene todo el mundo”
- en letra pequeña se lee:
los años de algunos humanos
valen más que los de otros. -
“como mucho, décadas,
que suenan a mucho
pero pasan en nada.
Y luego,
tenerlo todo”
Pero, ¿todo qué?
“Todos los anillos,
collares, belleza...”
¡Otra vez, otra vez,
viene y me anuncia
lo que ya tengo, lo que
no necesito u otros
comparten conmigo
sin pedir a cambio.

No, no me interesa
lo que vende.
Hay nidos de golondrinas
en mi balcón
más viejos que yo y que mi madre
y que mi abuela.
Mi vecino cocina
pan todas las mañanas
y yo dejo la ventana abierta.
Mis amigos vienen
a casa esta noche.
¡Váyase!
Tengo que preparar la cena
y beber vino.


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