Quería que mi vida fuese
la obra terminada,
la historia escrita,
la casa que conoce
todos los principios y finales.
Quería que mi vida fuese
lo predecible:
los ciclos de la luna,
el sol tras la tormenta,
la digestión de la marea,
el calor bajo la piel
de quien nos quiere.
¡Me dijeron que mi vida sería
predecible!
Y la de mis hermanos
y la de mis amigos
y la de todos esos prodigios de venas
con quienes intercambio mi sangre.
¡Me dijeron que el mundo ya estaba
descifrado!
Valdría abrir un libro,
cualquiera,
para leer las instrucciones,
jugar al ajedrez,
hablar en números,
ser Jesús sobre las aguas.
Pero la vida
y el mundo son
otra cosa.
Pero la vida
y el mundo...
un duermevela entre
la verdad y la mentira,
la materia y el misterio,
el amor y la desidia,
la música y el silencio.
Pero la vida
y el mundo...
un no saber si algún día
podrá saberse
que no se sabe nada.
Un aferrarse a los ídolos y al fuego.
Cerrar los ojos y olvidar que hay mares
rugiendo su interminable parto
de flores de sal y muertos.
Pero la vida,
y el mundo...
creer a viva voz
en el camino.
Romperse la garganta por el himno
del camino.
Romper los ojos de los niños
por el himno
del camino.
Pero son
la vida y el mundo
la vida y el mundo
la vida y el mundo
extender una mano en el desvelo
de la noche larga y encontrar,
a veces,
una espalda desde donde mirar las estrellas;
otras
nada.
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