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El gran grito

Desheredadas 

¡ojalá!

Si nos lo hubieran quitado todo,

si se lo hubiesen llevado

a la tumba con ellos

a su siglo pasado

y entonces ¡Sí!

Desheredadas

para empezar en el sueño

y decidir, sobre la nada,

entre un amor y un odio

limpios, nuevos,

nuestros. 


Pero la tierra es vieja,

el viento es viejo,

el río es viejo,

viejas tiene las orillas

por la historia más vieja.

¡Qué reino en llamas,

qué reino en ruinas,

qué prosperidad de dioses,

qué imposible señalar y dictar

aquí está lo bueno,

aquí lo malo!

¡Qué tiempo

donde todo muere,

qué genocidio

de abejas y flores!

¡Cuántas mesas llenas

para alimentar a quienes amamos,

cuántas mesas vacías 

que no vemos

y no por eso, no por eso

odiamos!


Las Desheredadas, 

herederas

del silencio de los seres extintos

del gran bramido

de vacas, cerdos, pollos, galgos...

del gran grito de la tierra

y de un gran grito humano. 

Las Desheredadas,

herederas

del calor y la sequía

de los huracanes y la mar

desbocada que ignorará

la brida de la luna.

Las Desheredadas,

tú y yo

aquellos a quienes amamos

y aquellos que habrán de venir. 


¡Si no nos hubieran legado

nada!

¡Si de verdad al mundo se llegase

desnuda!

Pero un gran grito de sangre palpita en las sienes. 

Es el grito, sí, el grito.

Pero también hay tambores, bailes,

canciones sin nombre,

el nacer una y otra vez

hasta la muerte,

el morder sabiendo que la cuerda se rompe.

Porque al final la esperanza es

lanzarse al vacío diciendo

"El mundo será viejo

pero vengo con vida nueva". 

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