¡Y sale el trompetista,
TÚ!
(oh, no, tú
nunca)
con su cuerpecillo
de hambre y ansia
a punto de quebrarse
mas soportando centellas,
un incendio anterior al nacimiento
siempre al borde de consumir el bosque.
Los focos hacen gritar
las cuchillas de sus ojos,
y tú (oh, no,
tú nunca)
silencias tus pulmones de acero
para que el público aplauda
con su languidez bohemia.
...
No puedo creerme
que no seas tan antiguo como mi amar.
Te he querido toda la vida,
antes, incluso, de aprender
a invocar nombres
tu mirada de ave
ya estaba en mi alma.
Bauticé con tu nombre a la Luna,
a la tormenta,
a los montes vestidos de fuego...
Pero tú nunca venías.
Aunque llenase con mi sangre el viento,
nunca venías.
Aunque te invocase en decenas de sangres,
nunca venías.
Aunque creyese en todos los dioses,
nunca venías.
No importa, yo nunca
me cansaré de esperarte
o de buscarte en la música.
Para mí amar a otros hombres
es recordarte.
...
Aquel olor que traía en las ropas
ya venía de lejos.
El aire que le bailaba
dejaba aroma de polvo huesos
mal enterrados,
abandonados al sol.
Se sacudía la tierra y caían
recuerdos que sólo tuvieron
lágrimas de alcohol.
Queriendo ocultar su herencia
se hacía roble,
anciano azabache.
Pero al final,
carne contra carne,
¿qué secretos podían quedar?
El aire hedía a sombras;
el sudor
a enigmas para cobardes.
Así, un mediodía de junio,
haciendo el amor,
mirando al Este,
nos asfixiamos los dos.
Claro que él, alimaña
acostumbrada a su veneno,
sobrevivió.
...
Así, ungidos en alquitrán,
en más de 70 sustancias cancerígenas.
los amantes se han jurado amor eterno.
La música luminiscente ha dicho que sí,
que su unión es válida.
Pero no hay poema que evada el amanecer.
...
Pero por más que te busque
nunca serás tú
reflejado en ningún rostro,
en ninguna mano
de relámpagos de araña.
Siempre serán otros nombres
enquistados a pasados que no pueden extirparse,
con sueños que serán fuego o naufragio
pero sólo a ellos pertenecen.
¡No hay manera de imponerte en su mirada!
Todos están plagados de música
y tú eres puro silencio de ausencia.
Aún así, siempre
tu sonrisa...
...
Sí, porque estás lleno de sombras
y no puedo saber
si eres tú o el otro,
por eso te deseo.
Sí, porque suenas
a aceros recien forjados
y tus ojos sólo se inclinan
ante tus maestros,
por eso te deseo.
Y sé que, de tocarte
te harías vapor y síncopa.
...
Por ti
el silencio ya no duerme e,
insomne,
se empeña en melodías de botellas vacías.
...
Y entonces
quedó olvidado
todo lo presente y pasado.
Sólo una casa de piedra
rodeada de metales solares.
La trompeta, los saxos,
¿a ellos qué le importaba...
tú, yo...
todos nosotros?
Ellos cantaban con el hambre
de todas las vidas
que no se atreven a vivir,
y luego hacían bromas
porque, total de morir,
mejor entre risas y acento argentino.
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