Ir al contenido principal

Elegía por mi abuelo

Mi abuelo murió de sangre de piedra en los pulmones.
Es decir, hablando sin enigmas,
de cáncer.
Y nunca lo supo.
Fue vencido fulminantemente,
pasmado, sin adivinar por qué.
Mi madre y abuela le guardaron el secreto a la Muerte.
"Si no hay nada que hacer, que se vaya tranquilo".
Asuntos de familia, eran otros tiempos.

Se le llenó la respiración de polvo levantando la casa de piedra,
la de Ruvalle, esa
hecha a trancas y barrancas,
con el tejado plano
y su habitación sin ventanas
y una celosía allá en lo alto los dioses sabrán por qué.
La levanto para él,
para no dar explicaciones.
De una cuadra hizo lo que quiso,
duros suelos, mares ondulantes de cemento,
La chimenea torcida
y las gallinas poniendo huevos
en el casco de la moto.
"¡Aquello parecía vida de gitanos!"
Dice ahora mi madre,
con el mirar más amargo que nunca,
renegando de la edad de la higuera y el saúco,
sin luz eléctrica,
con campingas, velas, estrellas y tormentas que espantaban a los cristales.
Con lombrices asomando su viscosidad siempre fuera de lugar
por los grifos terminados en caucho de mangueras.
Sí, aquellos, los mejores tiempos,
los inagotables veranos, día tras día
puchero de arroz y pollo aguados.

Ya poco recuerdo de mi abuelo,
excepto que me enseñó a comer el fruto del endrino
y cuáles eran las flores favoritas de los grillos.
Años después de su muerte,
descubrí su odio por los animales negros.
Que tal vez el envenenó al gran perro
cuyo nombre, gritado desde el balcón por mi madre, he olvidado,
más guardaba devoto mi vera
y media insomne mis pasos.
Que abría el cercado de las yeguas negras
y las hacia correr camera arriba y abajo.
Tras ellas íbamos mi primo y yo,
a riesgo de reventarnos el pecho contra el azabache de sus sombras.
Que de una palizalLe hizo estallar los ojos a Kiki,
y hubo que sacrificarlo, por ello
no estaba el verano siguiente su ladrido tras la verja.
Que de haber seguido vivo hubiese matado a Canlo,
mi fiel compañero de lanas de carbón que, de todas formas
acabó atropellado y cubierto de sangres de ovejas.

Cuando se murió mi abuelo, ni lo sentí.
No me llevaron ni una vez al hospital.
No acudí al velorio ni al entierro.
Me dijeron, simplemente
"Abuelito a muerto",
como quien anuncia
que el circo no volverá a la ciudad.
Sólo tras largos años,
Un día repentino,
me dio por llorarle la muerte,
no sabría decir por qué, creo
que por vergüenza de no llorarla en su momento
mas que por alguna pena.
Aún así, ahora,
siempre que piso la casa del valle le recuerdo.
No por construirla,
sino por morirse en el empeño,
sin darse cuenta,
los pulmones negros de tanto beber sangre de piedra.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Reescritura de Bach en León

Reescritura Bach en León Suenan Bach y los suspiros.  ¿Hay algún rastro de que existimos,  noche de otoño, cielo dormido? Dos amantes tan jóvenes  como nosotros tienen que escuchar a Bach después de pretender amarse, ¡así el mero sexo se transformará en un pasaje en un libro de Cortázar, y nuestros cuerpos desnudos tendrán sentido!   La cama es cálida. Las cortinas tienen dibujos de amapolas. Afuera llueve y sopla el viento. Hoy es la madrugada del domingo. Lo hemos hecho todo bien, como los relatos y la poesía dicen que deben hacerlo los amantes: un primoroso arreglo de estética.    Pero yo le amo a él y tú me amas a mí. Pero tras besarte a ti no volveré a besarle a él; y tras besarme a mí tú regresarás para besar la frente de tu pareja.    Unos pasos rompen el monólogo de la lluvia. El motor moribundo de un coche. La pesada puerta de algún portal.  Unos pisos más arriba, una cisterna.    Bach calla y...

El vendedor de diamantes

     ¿A dónde has ido? voces preguntan por ti y no te veo. Te autonombraste el Vendedor de Diamantes, pero yo contemplé tus manos vacías al crepúsculo, antes de tu partida. Saludaste con las manos vacías, hablaste con palabras vacías, miraste con los ojos vacíos. Nada obtuviste de tu travesía, pues la iniciaste diciéndote poseedor de todo.       Vendedor de Diamantes... ¿a dónde habrás ido? voces preguntaban por ti y nada supe contestarles. Tal vez avanzas a través del mundo y las venas robando tiempo sin siquiera percatarte, tomándolo y dejándolo caer olvidadizamente.       Vendedor de Diamantes, ¿a dónde pretendías llegar? avanzabas falsamente, arrojando a tus costados semillas yermas. Olvidaste el color de las flores, el sabor de las frutas estivales, el olor de las raíces cuando besan el agua.       Si vuelves algún día, si nuestras pupilas se cruzan de nuevo en los telares del aire, pasa fugaz o permanece es...

Reflexiones

          Últimamente pienso a menudo en las palabras de Dries. Fue una noche, en la cocina de Lastovo. Ya habíamos cenado y estábamos sólo Vasilii, Dries y yo. Hablábamos de política, aunque no recuerdo de qué exactamente. Quizá de negacionismo climático y de cómo la gente se dejaba manipular. La conversación era, en cualquier caso, bastante pesimista. Entonces. ¡Entonces que no era más que 2021! Que no había comenzado la invasión a Ucrania ni el genocidio en Palestina, que no había ocurrido la Dana ni Donald Trump había sido reelegido, que en Afganistán no se había bajado la edad legal para el matrimonio a los nueve años, ni Miley era presidente de Argentina. Entonces… En aquel momento no teníamos que preocuparnos nada más que de una pandemia. Nunca pensé que recordaría el año de la Covid-19 como el último año antes de que los gobiernos a lo largo de todo el mundo girasen el cuello como un búho, mirase de frente al fascismo del siglo XXI y dijesen “Sí qui...