Fragmento de un texto en construcción que en estos momentos está en pausa pero deseo retomar.
Me atrae la idea de publicar una historia por "fascículos", y la historia a la que pertenece este fragmento es mi principal candidata. En caso de que al final me decida a llevar a cabo esta idea, comenzaré a subirla desde su inicio.
Me atrae la idea de publicar una historia por "fascículos", y la historia a la que pertenece este fragmento es mi principal candidata. En caso de que al final me decida a llevar a cabo esta idea, comenzaré a subirla desde su inicio.
- ¿Y esa trompeta? – Preguntó de repente, sorprendido por el silbido metálico que, más agudo que nunca, cortaba el muro y se clavaba en nuestros oídos limpiamente. Yo, reconociéndola con esa familiaridad que experimentamos hacia algunas melodías, como si hubiesen nacido de la cabeza ajena justamente para nosotros, como si ellas, sólo ellas, tuviesen esa palabra concreta y perfecta que tan desesperadamente buscamos para dotar, de una vez por todas, de significado absoluto al mundo, respondí:
- Will O’ The Wisp. – Y como me miraba sin comprender, concreté. – Sketches of Spain, de Miles Davis.
- ¡No conocía ese trabajo suyo! – Exclamó contrariado, como si hubiese sido el propio Miles Davis quien le hubiese ocultado aquella canción y estuviese enfadado con él. – Es un acecho. Te acecho y me aproximo lentamente hacia ti, que me das la espalda. Es de noche, pero hay hogueras. No sé realmente por qué, cuál es el motivo, pero arde una docena de hogueras de llamas alargadas que bailan y retuercen las sombras, eclipsando las estrellas en una oscuridad milenaria.
- Es verdad, alguien me acecha ¿eres tú?, podría ser cualquiera porque yo estoy inmóvil sin sentir nada, hipnotizada por la danza del fuego y las sombras, y tú, a mi espalda, rondándome, de repente te ondeas, te ondulas, tremolas, te divides en un centenar de zarcillos que se encabritan y tratan de llamar mi atención, de despertarme del sueño del fuego, del cual estás celoso. Pero no llegas a tocarme, eres incapaz de penetrar a través de mis sentidos, y vas perdiendo fuerza, te aplanas, te opacas, hasta darte por vencido y dejarme en medio de la noche y las hogueras, mientras te despides con un último silbido humilde, diciendo: nunca despertarás para vivir, pero por ello tampoco te consumirás nunca.
El silencio nos envolvió. Tras los muros el concierto continuaba, pero aquella visión traída por la trompeta de Miles había sido tan intensa que los dos parecíamos agotados, con los ojos febriles y las caras sonrojadas, momentáneamente incapaces de recibir ningún estímulo.
- Entonces, ¿no logro salvarte? – Preguntó, al cabo de un rato, con esa sonrisa suya tan llena de malicia a la vez que tomaba mi mano.
- Eres un acechador, - Respondí mirando con recelo mi mano apresada entre la suya. – Tú jamás salvarías a nadie. Tu esperas, rondas, seduces a tu presa, te la llevas a bailar y la agotas. La consumes. Y luego de consumirla, eres tú quien necesita un salvador, nuevo alimento, porque eres un caníbal, y si no puedes alimentarte de tus semejantes, te alimentarás de ti mismo. Hasta masacrarte.
- Cielos, qué cosas más bonitas me dices. – Me reprochó riendo, desdeñoso de mis palabras, no haciéndoles más caso que a las profecías de los borrachos, a quienes se besa con condescendencia. – Entonces, ¿eres tú quien ha venido a salvarme?
- Eso jamás, yo no soy salvadora de nadie, mi carne es sólo para mí.
- Qué pena. Menos mal que, de vez en cuando y perdidas las esperanzas, aparece repentinamente quien nos tiende la mano, sin pararse a pensar si se la arrancaremos o la besaremos.
Comentarios
Publicar un comentario