Aunque mientras escribo estas líneas diluvie y el viento aulle.
Fría y luminosa,
primavera. Tus flores
llegaron mucho antes.
Cuando abriste el ojo
largo tiempo hacía
del comienzo de la danza;
y todos cantaban,
tañían cuerdas,
grandes altavoces chirriaban
pulsos eléctricos
que desdoblaban la carne
en la identidad infinita.
Los árboles se estremecían,
se encrepaban y erizaban
buscando arañar la brisa.
Las risas se enhebraban
con relámpagos de éxtasis
uniendo todas las sensaciones
en una sola pupila flamígera.
Nadie paró a saludarte,
primavera. A humedecer
tu piel de renacida
con aguas bautismales.
No gruñas, ¡baila
tú también primavera!
No seas vanidosa,
jamás has parido
la flor inmarcesible.
la flor inmarcesible.
Comentarios
Publicar un comentario