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El hombre colgado

Poema escrito en su momento para un proyecto que fracasó, y que, puesto que aún estoy a tiempo, me planteo si incluir en el poemario.

El hombre colgado

El hombre colgado 
en mitad de la plaza 
como una mosca que 
no concibe su final 
de telaraña, 
sin lograr morir, 
se bambolea como un 
péndulo en busca 
de alguna melodía ignota. 
Sin lograr morir 
lanza su rostro sobre el rostro 
de los transehúntes 
que pasan e ignoran, 
alzando las miradas hacia 
los geranios rojos 
de los azules balcones. 
El hombre colgado 
sin lograr morir pregunta 
a quienes pasan a su lado
alzando las miradas hacia 
los balcones azules 
cargados de rojos geranios 
si sabe alguno de ellos 
qué caminos pisa la Muerte,
entona lamento de violeta
por el tiempo de su espera. 
Gime, como el endrino amargo, 
su falta de talento para morir 
como mueren los muertos. 
El hombre colgado 
sin lograr morir 
se muere de vergüenza 
en mitad de la plaza, 
expuesto al juicio 
de las aves y los perros, 
de la lluvia que pica
 todos los desgarros 
de su carne rota y 
revuelta entre huesos e 
intestinos en que anidan 
las hormigas trajineras. 
El hombre colgado 
sin lograr morir llora 
margaritas y cien alas de libélula 
que caen a sus pies, 
se acumulan y le trepan. 
Sin lograr morir 
el hombre colgado 
derramó su herencia de primavera. 

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